Empecé con los dedos. Estaba en mi casa cuando fui a lavarme las manos para comer.
Se me empezaron a unir los dedos y se formaron pezuñas. Luego empezó a salirme bello muy fuerte por los brazos. En unas horas mis brazos se me habían convertido en las patas de un caballo. El mismo día por la noche estaba duchándome cuando me di cuenta de que mis piernas olían a pescado. Como no soporto la olor, empecé a frotarlas hasta que se me empezaron a juntar y a salirme escamas. En un momento mis piernas se me convirtieron en la cola de un pez. La madrugada siguiente me levanté y tomé la decisión de perderme en las profundidades del mar.